Emigrar implica mucho más que cambiar de país. Supone separarse de la lengua, los lugares y las personas que daban sentido y pertenencia. Es una experiencia de transformación, pero también de pérdida: se deja atrás una parte de la propia historia y se entra en un territorio donde nada resulta del todo familiar.
En esta sección se explicará qué es el duelo migratorio, cómo puede manifestarse —nostalgia, soledad, desarraigo, confusión, sensación de no pertenecer— y por qué no es un signo de debilidad, sino una reacción humana ante el cambio.
Comprenderlo ayuda a reconocer la profundidad de ese proceso y a encontrar poco a poco nuevas formas de arraigo sin negar lo que se ha dejado atrás.
