Catherine L´Ecuyer, investigadora y divulgadora científica autora de varios libros, reflexiona sobre el uso de las nuevas tecnologías en niños de corta y no tan corta edad. Las nuevas tecnologías están diseñadas para que su uso provoque, en todos nosotros, lo que los psicólogos llamamos «recompensa», o dicho de otro modo, «premio» que refuerza, fomenta, favorece una y otra vez su uso. De ahí su potencial adictivo al que muchos padres temen, no sin razón.
Explica la diferencia entre el concepto de atención y el concepto de fascinación. Aborda los peligros que puede suponer para el desarrollo mental y para la salud pública el uso de los teléfonos móviles, tabletas o televisores en los más pequeños y no tan pequeños así como ofrece recomendaciones para disminuir su uso.
Finalmente aborda el creciente problema de la crisis de autoridad de los profesores en el colegio y de los padres en la educación de sus hijos y enfatiza en el valor y el fomento de establecer relaciones basadas en la confianza y no en el miedo.
En todo niño hay un deseo innato de explorar el mundo y aprender sobre él. Nuestra obligación como padres y educadores es acompañarles sintonizando con sus ritmos, sus intereses (y no los nuestros), su necesidad de interiorizar los límites de los que no disponen debido a su corta edad y de reflexionar sobre su conducta y su realidad; al mismo tiempo que estimulamos con firmeza pero con paciente ternura el ejercicio sano de la disciplina, les hacemos reflexionar sobre la necesidad e importancia del esfuerzo para lograr resultados valiosos y premiamos con halagos y aprobación el ejercicio de su responsabilidad ante lo que les toca hacer para desarrollarse.
Punto y a parte.
«La letra con sangre no entra, que la sangre ya está dentro» nos decía una y otra vez un muy querido profesor de psicoterapia. Toda una manifestación de ternura expresada con firmeza. Al hilo, yo añado que se educa mejor con caricias que con cachetes, incluidos los emocionales. Los que hemos tenido el privilegio de conocerle y disfrutar de su disponibilidad, compromiso y generosidad, sabemos a quién me refiero. ¿No es eso? Pues eso.
