Duelo migratorio
Duelo migratorio
Hay quienes se van sin irse del todo.
Se quedan pegados a un suelo que ya no pisan, a una lengua que aún los nombra sin ruido.
Pero tampoco llegan del todo.
El aire del país nuevo no huele a casa.
Las palabras no abrigan. La piel no encaja.
Se está a medio camino, sin llegar nunca del todo.
Y aun así, hay cuerpos que te esperan, y lugares que, sin saberlo, acabarán llamándote por tu nombre.
Emigrar es una experiencia transformadora y también dolorosa. Supone dejar atrás la lengua, la tierra, los vínculos; y llegar a un lugar donde nada encaja del todo. Genera confusión, soledad, desarraigo, sensación de no pertenecer ni aquí ni allí. La terapia ofrece un lugar para hablar de esa nostalgia, para reconocer la dificultad de adaptarse sin minimizarla ni disfrazarla. Permite legitimar el duelo por lo perdido y al mismo tiempo abrirse a nuevas formas de pertenencia. El entorno puede ayudar escuchando sin trivializar, evitando frases del tipo «ya te acostumbrarás» y reconociendo que el desarraigo es real y profundo.
